"El hombre se fija en las apariencias, pero el Señor se fija en los corazones"
(1Sam. 16,7)
En este IV domingo de Cuaresma, las lecturas nos invitan a cosas que sólo se pueden entender desde el corazón. En la primera lectura, Samuel nos narra como fue la elección de David de parte de Dios. Una invitación a la que nos lanza esta lectura es, sin duda, a que en medio de las tribulaciones, de las dificultades, pero también en las gracias, en las bendiciones, en los aciertos, tengamos la capacidad de discernir como el Señor lo hace: desde el corazón. ¿Qué significa esto? En primer lugar, el salmista hace que en el corazón mismo tatuemos una máxima que nos acompañe siempre: "El Señor es mi pastor, nada me falta". esto es confianza plena, es, como dice San Pablo en la segunda lectura, vivir en bondad, santidad y verdad, es decir, vivir en la luz. Esta luz, es igual a esa sal que hace algunos ayeres reflexionamos, es igual que esa agua que la Samaritana le pedía a Jesús.
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| Tomado de: http://www.diocesismalaga.es/ |
San Juan nos adentra al misterio de la luz, es importante asentar que este evangelio es el llamado "Evangelio Espiritual" y nos adentra al misterio de Jesús, es decir, traspasa la dimensión exterior para adentrarse al interior.
Esta luz que nos hace ver más allá de nuestro propio alcance, es precisamente a la que nos invita Jesús. El ciego de nacimiento ha sido juzgado por toda una cultura, por todo un pueblo que ha comprendido que aquellos que están enfermos, pobres, desahuciados, no han sido bendecidos por Dios. Jesús muestra una imagen distinta, un Dios que se conmueve hasta las entrañas por lo que le sucede a sus hijos amados, un Dios que ama a sus criaturas y no se olvida de ellas. Jesús va manifestando y compartiendo con los demás esa experiencia fundante en su vida: El Bautismo, donde se descubre a sí mismo "Hijo muy amado".
Esa luz que Jesús nos da, es una luz que hay que experimentar en el corazón, que hay que asentarla en el corazón, que hay que vivirla desde el corazón. Hay que reconocer que en esta tarea cristiana, hay dificultades con las que nos vamos a topar. Jesús es condenado por los fariseos: "Ese hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado" Sin embargo, para Jesús, los más importante somos nosotros, su creación, las leyes no pueden estar por encima del ser humano, sino al contrario, lo más importante es la dignidad humana, la justicia, el amor. El evangelista pone en la boca de Jesús estas palabras con las que termina la perícopa: "Yo he venido a este mundo para que se definan los campos: para que los ciegos vean, y los que vean queden ciegos".
La invitación más profunda de estas lecturas nos lanzan, pues, a enraizarnos en el título de esta reflexión: La luz, puesta en el corazón. Con esta certeza comprenderemos que de lo que se trata no es sólo ver con los ojos, sino ver con el corazón y hacer de este mundo un mundo en donde la mirada haca todo lo creado, sea con los ojos de Dios y sólo a través de corazón. Ignacio de Loyola nos invita a vivir en esta actitud toda la vida, su propia experiencia de "encontrar a Dios en todas las cosas" lo lanzó a compartirlo y es, en gran medida, una de las riquezas más profundas que el ser humano puede descubrir si se abraza enteramente al amor de Dios.
Que tengan un lindo fin de semana y a disfrutar del fútbol, buenas noticias y una que otra patada.
Tisca, SJ

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