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| Tomada de: http://blogs.21rs.es/kamiano/2011/03/21/el-agua-profunda-quita-la-sed/ |
Existen innumerables reflexiones en torno a esta pasaje del Evangelio de Juan. Jesús y la Samaritana nos acerca, en primer lugar, a descubrir a Jesús en su plena condición humana y también a su plena condición divina. Humana porque es un hombre necesitado y pide de beber. Reconoce sus necesidades. ¿Qué implicaciones tiene esto? Muchas. Jesús pide de beber a una mujer (que no era bien visto esto entre los judíos) y además samaritana (Los judíos y los samaritanos no se llevaban muy bien). Pero, además, Jesús muestra su plenitud mesiánica al revelar que es Él mismo "agua viva" y, como dice la escritura, el que beba de esta agua nunca más vuelve a tener sed (Cfr. Jn. 4, 14).
El resto de la perícopa todos lo conocemos pero, en esta reflexión, quiero profundizar en el significado de no volver a tener sed.
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| http://hope-ecuador.org/?cat=13&paged=2 |
En la Espiritualidad Ignaciana, concretamente en la raíz de ésta, los Ejercicios Espirituales, Ignacio de Loyola nos invita a dejarnos enteramente en las manos de Dios, a responder con libertad a un llamado que Dios nos hace y que es a través de Jesús, como se concretiza un seguimiento para construir ese sueño que tuvo y nos compartió: Tener vida y tenerla en abundancia (Cfr. Jn. 10,10). No volver a tener sed es precisamente dejarse inundar por esta pasión por el mundo, es reconocer que todo viene de arriba, es decir, todo es gracia.
Precisamente para descubrir una forma muy sencilla de dejarse inundar por esa agua viva, es la experiencia de vivir los Ejercicios Ignacianos. Esta experiencia es el compartir de una experiencia misma; Ignacio nos comparte su camino espiritual por el cuál él atravesó y constata que aquel que se deja inundar y se atreve a beber de esa agua, lo único que resta es ponerlo en práctica una vez que terminan los Ejercicios. Es, como dicen muchos jesuitas, vivir la quinta semana de Ejercicios. (Esto en referencia a que Ignacio divide los Ejercicios en cuatro semanas, así como pudo haberlas llamado etapas, niveles, etc.).
Para llevar a bien esta experiencia cristiana, la Espiritualidad Ignaciana nos presenta que el para qué de beber esta agua que Jesús nos invita a beber. Este para qué posibilita que todos seamos verdaderos hermanos, más allá de nuestras diferencias, lo primero es que somos hermanos y todo lo demás será medio, el fin último es tener vida y tenerla en abundancia. ¿Para qué? Para poder ser hermanos y compartir todo aquello cuanto Dios ha creado.
La invitación, pues, es atrevernos a beber de esta agua y reconocer que el que está a mi lado es mi hermano y juntos, tenemos el compromiso de hacer que nuestras vidas tengan vida en abundancia: llenas de alegría, de amor, de paz, de justicia y fraternidad.
Que tengan un lindo fin de semana y a disfrutar del fútbol, buenas noticias y una que otra patada.
Tisca, SJ


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