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sábado, 14 de febrero de 2015

La compasión de Jesús

Compasión: «Quiero: queda limpio»
Mc. (1,41)
Cortesía: http://eugenirodriguezadrover.com/
    Este domingo 6° del tiempo ordinario, reflexionaremos un pasaje interesante de Jesús al curar a un leproso. Este pasaje forma parte de lo que los estudiosos de la Sagrada Escritura llaman: la jornada en Galilea. Jesús, después de llamar a los primeros cuatro discípulos (Simón, Andrés, Santiago y Juan) entra en Cafarnaúm y se dirige a la casa de Pedro en donde cura  su suegra. Posteriormente irá al monte a orar para cerrar la jornada sanando al leproso.

Vamos por parte. Primero, Jesús ha dejado Nazaret en donde no era muy bien recibido, pues "nadie es profeta en su tierra"y se dirigió a la ciudad de Cafarnaúm que quedaba en la misma región de Galilea. Cerca del lago de Galilea, llamó a los primeros discípulos, que como todos sabemos, eran pescadores. Así es, los primeros seguidores de Jesús y quienes darán forma a la primera comunidad cristiana, eran pescadores. Ser pescador era un oficio sencillo, quizá eran hombres sin ninguna instrucción académica, pero Jesús ve en ellos la posibilidad de hacer posible la misión del Reino.
Segundo, Jesús cura a la suegra de Pedro. La casa de Pedro se había tornado, para muchos exegetas, es el primer lugar de encuentro de los amigos de Jesús.
Finalmente Jesús se dispone a orar y se dirige a un lugar despoblado. Al terminar, se va a predicar por sinagogas y a expulsar demonios por toda Galilea. Es en este momento donde acontece la perícopa que estamos reflexionando ahora.

Quiero centrar mi reflexión en una palabra: COMPASIÓN. Jesús siente compasión por el leproso, se compadece de él, lo sana. La palabra compasión viene del latín compassĭo, que significa simpatía, es decir, aquel que tiene conmiseración del dolor del otro, no sólo lástima, sino que padece, de alguna manera, el dolor del otro.
Jesús, en sus andanzas, descubre que quienes son los más desfavorecidos son aquellos de quienes se puede compadecer. Jesús opta por los enfermos, los impuros, los desprotegidos (mujeres y niños), es decir, opta por los que las estructuras políticas y religiosas de su tiempo no optaba y relegaba a las periferias de las ciudades. ¿Nos parece conocida dicha situación?

La compasión en Jesús es un acto que pretende acercar a los desfavorecidos al mensaje incluyente del Reino de Dios. Un gesto importante que podemos descubrir en la persona de Jesús, es sin duda, que la compasión va ligada al perdón. Recordemos aquel pasaje donde Jesús pone a prueba a los maestros de la ley abordándolos con la pregunta ¿qué es más fácil, decir: "tus pecados te son perdonados", o decir: "levántate, y anda"?2
Perdonar (compadecerse) es incluir, es resarcir lo que estaba descocido, es reincorporar a la sociedad, es devolver la dignidad.

Cuando escuchemos nuevamente algún pasaje bíblico en donde Jesús cure, exorcice, sane, no olvidemos que lo central es devolverle a la persona aquello que le había sido quitado.

Les comparto un fragmento de la película The Misson (1986) dirigida por Roland Joffé, que nos narra la llegada de los jesuitas al Paraguay de los guaraníes sobre las Cataratas de Iguazú. En esta película hay una escena de perdón (compasión) muy bien lograda. Rodrigo Mendoza era un mercenario que vendía indios como esclavos. Después de asesinar a su hermano por causas de amores, decide irse con los jesuitas y hacer penitencia. Es con la llegada a una de las comunidades guaraní donde se desarrolla esta escena.  
Tomada de: https://www.facebook.com/chore.orozco



Que tengan buen fin de semana y a disfrutar del fútbol, buenas noticias y una que otra patada.

Tisca, SJ
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1 Cfr. Jn 4, 44
2 Mt 9, 5; Mc 2, 9; Lc 5, 23; Cfr. Jn 5, 1-15

jueves, 20 de marzo de 2014

Nunca más tendremos sed

Tomada de: http://blogs.21rs.es/kamiano/2011/03/21/el-agua-profunda-quita-la-sed/
Existen innumerables reflexiones en torno a esta pasaje del Evangelio de Juan. Jesús y la Samaritana nos acerca, en primer lugar, a descubrir a Jesús en su plena condición humana y también a su plena condición divina. Humana porque es un hombre necesitado y pide de beber. Reconoce sus necesidades. ¿Qué implicaciones tiene esto? Muchas. Jesús pide de beber a una mujer (que no era bien visto esto entre los judíos) y además samaritana (Los judíos y los samaritanos no se llevaban muy bien). Pero, además, Jesús muestra su plenitud mesiánica al revelar que es Él mismo "agua viva" y, como dice la escritura, el que beba de esta agua nunca más vuelve a tener sed (Cfr. Jn. 4, 14).
El resto de la perícopa todos lo conocemos pero, en esta reflexión, quiero profundizar en el significado de no volver a tener sed.

http://hope-ecuador.org/?cat=13&paged=2
En la Espiritualidad Ignaciana, concretamente en la raíz de ésta, los Ejercicios Espirituales, Ignacio de Loyola nos invita a dejarnos enteramente en las manos de Dios, a responder con libertad a un llamado que Dios nos hace y que es a través de Jesús, como se concretiza un seguimiento para construir ese sueño que tuvo y nos compartió: Tener vida y tenerla en abundancia (Cfr. Jn. 10,10). No volver a tener sed es precisamente dejarse inundar por esta pasión por el mundo, es reconocer que todo viene de arriba, es decir, todo es gracia
Precisamente para descubrir una forma muy sencilla de dejarse inundar por esa agua viva, es la experiencia de vivir los Ejercicios Ignacianos. Esta experiencia es el compartir de una experiencia misma; Ignacio nos comparte su camino espiritual por el cuál él atravesó y constata que aquel que se deja inundar y se atreve a beber de esa agua, lo único que resta es ponerlo en práctica una vez que terminan los Ejercicios. Es, como dicen muchos jesuitas, vivir la quinta semana de Ejercicios. (Esto en referencia a que Ignacio divide los Ejercicios en cuatro semanas, así como pudo haberlas llamado etapas, niveles, etc.).
Para llevar a bien esta experiencia cristiana, la Espiritualidad Ignaciana nos presenta que el para qué de beber esta agua que Jesús nos invita a beber. Este para qué posibilita que todos seamos verdaderos hermanos, más allá de nuestras diferencias, lo primero es que somos hermanos y todo lo demás será medio, el fin último es tener vida y tenerla en abundancia. ¿Para qué? Para poder ser hermanos y compartir todo aquello cuanto Dios ha creado.

La invitación, pues, es atrevernos a beber de esta agua y reconocer que el que está a mi lado es mi hermano y juntos, tenemos el compromiso de hacer que nuestras vidas tengan vida en abundancia: llenas de alegría, de amor, de paz, de justicia y fraternidad.

Que tengan un lindo fin de semana y a disfrutar del fútbol, buenas noticias y una que otra patada.
Tisca, SJ
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